sábado 6 de junio de 2009

Renacimiento

A veces un dos de Junio cuesta más de un día en ser asimilado. Después del golpe no podría sino tomarme de una manera distinta cada uno de los matices de su propia vida. ¿Propia?
Que te denieguen el futuro elegido por falta de esfuerzo es siempre comprensible, tendrás otra oportunidad.
A mi me ha sido negado mi sueño por algo que nunca elegí. La calavera viviente debía tener ojos de cristal. Esa mañana caminé hasta casa, tratando de encontrar una lección de todo aquello, al menos alguna más positiva que "no le pongas ilusión a las cosas, es directamente proporcional a fracasar en ellas".
Al menos me quedaba un trabajo - pensé - y algo de tiempo para buscar algo que me motivase, había cambiado justo esa mañana para las pruebas. Llegué a casa y después de no comer - no podía entrarme nada en el estómago - cogí el bus de siempre hasta el lugar de siempre.

Qué difícil es soportar la inutilidad del personal cuando uno no está de humor.

A las dos horas vinieron a hablar conmigo los gerifaltes. Ese mismo día, a las cinco de la tarde mi contrato había finalizado.

Sonreí, al fin y al cabo cuando el dolor viene todo junto es más fácil de soportar. Afronté todo el día con la ironía que los dioses me han otorgado y llegué a casa casi a medianoche, sin hambre para cenar.

Curiosamente a mediodía no tenía planes de futuro, no sabía que hacer con mi vida profesional.
Por la tarde ya no tenía planes de presente, me era imposible saber qué quería hacer con mi inmediatez.

Tras varios días de discusiones, tras varios días de aguantar el dolor en vinagre, desperté una mañana y me fijé en el silencioso y oscuro dispensador de palabras.

Crují los dedos y comencé a martillear las letras inertes.

Ya estaba formando palabras.
Ya volvía a tomarlas, a beberlas, a disfrutarlas.

Seis meses son demasiados para el Insomne.

Escribí en dieta de postrauma, y comprendí que crear era lo único que podía sanarme.

A un íbero se le tumba, pero es imposible matarle.

domingo 4 de enero de 2009

Milites

Hace tiempo pude creer en un futuro en el que mi misión en la vida fuera crear, legar, transmitir algo a las generaciones venideras.
Tenía esperanzas de tener hijos, de encontrar a alguien con quien compartirlos, alguien lo suficientemente especial como para juntar los retazos de nuestros ancestros y hacer de la sangre un camino. Un mañana seguro al lado de los que más quisiera, ya tenía unos rostros encajados en el cuadro.
Hace tiempo querría haber echado raíces, cosechado esperanzas y sentimientos en los que me rodeaban, rodearlos yo a ellos con mis brazos y habernos convertido en algo juntos, pudiendo compartir con las personas que amaba los momentos más especiales..
Hace tiempo creía en muchas cosas a las que estaba dispuesto a defender con mi último aliento. Me atemorizaba la idea de envejecer y perder la esperanza en cambiar de rumbo los injustos giros del mundo.
Hace tiempo tocaba la guitarra de madrugada. Hace tiempo dibujaba ilusiones. Hace tiempo escribía, haciendo música en el silencio de un folio.
Hace tiempo me gustaba el olor de la hierba. Hace tiempo soñaba y pensaba, pero del pensamiento comenzaron a caer sombras que empañaban las sonrisas.

Hace tiempo que no recordaba cómo era.

Ahora abandono el nido de la infame creencia, ahora embarco la esperanza hacia la entropía, excavo las paredes de la humana resistencia, me preparo para enfrentarme a dejar de ser hombre para ser bestia. Ahora ahogo el miedo en malta fermentada, ahora decido cortar el legado, dejar todo rastro de mi sangre para el pasado, el olvido, que a todo llega sin más, que a los humanos nos es tan común. Renuncio a la ilusión de tener descendencia ni compañera. Lo doy todo a cambio de la lejanía.

Ahora, si llegas, no hay puertas abiertas, ni sonrisas, ni esperanzas. Ni siquiera un plan de futuro remendado. Lo que está roto se ha desechado, lo que jamás hubiese sido se ha olvidado. No es para mí ya el gozo de la compañía, ni todo lo que embriaga el corazón de la jauría humana. Ahora pongo distancia entre los que quiero, para así perderlos antes de perderme.
Ahora, después de ver tanta muerte en pantalla quiero sentir el vacío que tras ella queda, acostumbrar mis ojos a los horrores del mundo, despreciar todo lo mundano a cambio de valorar por vez primera el mero hecho de seguir respirando. De mirar por fín cara a cara a la dama a la que siempre he amado, la que juzga a todos los hombres por igual.

Ahora descubro que, aún con ello quedan hermanos entre las amistades cosechadas, las sonrisas con nombres, los que esperan algo de mi existir. ¿Cómo defraudarlos? Pero no hay que engañarlos, esto es por mí, siempre ha sido por mí.
Ahora mi latiente nace y muere a golpe de tambor, a aullidos de trompeta , a jura de bandera muerta.

Ahora es el tiempo de romperse por dentro, de desgarrar todo lo que quede sano para convertirse en otra persona, de sentir el riesgo. Si he de caer espero que sea en batalla, jamás viejo, enterrado en el barro de un arcén, disuelto en cal viva en una fosa común. Anónimo, pues nadie merece el llanto de nadie. Es una clara desvergüenza a la memoria de quien ha muerto. Hay que hacerles honor con hazañas futuras, alegrarse de que hayan vivido continuando en el camino. Ahora hay que aguantar en las murallas aunque roce la locura, aunque no sea tu batalla. Pues siempre es tu guerra.

Por todos aquellos a los que no han vengado, por todos aquellos a los que no se les recuerda con respeto.

Por todos aquellos que vivieron y murieron por nosotros preferiré el olor a pólvora al perfume, los engranajes a las risas, las explosiones a la música, la metralla a la lluvia y siempre tener hermanos de sangre que amigos.


Y si caigo seré un recuerdo
Y si sobrevivo no nos conoceremos.

jueves 14 de agosto de 2008

Nubes grises

Ayer amaneció con la extraña sensación de que iba a ser un día perfecto. Hacía frío por primera vez desde que recordaba entre estos tiempos de calor asfixiante.
Salí a la terraza y contemplé un cielo de nubes repetidas, todo un rebaño de oscuras ovejas formando una cúpula perfecta, apenas pasaba la luz del sol, los ojos descansaban bajo su amparo. Frío y viento a la par y las gentes amparándose bajo el techo de sus casas.
Un día gris.
Un día perfecto.

Salí a la calle, a que el viento me diera bien fuerte, contemplé los colores de las nubes, a primera impresión sencillos, pero descubrí tonos morados dentro de ellas. Hasta en lo más simple hay matices.
Y dejándome mojar cuando chispeaba me sentí puro, algo que realmente no recordaba.

sábado 9 de agosto de 2008

Ars

Antes de que el Ars se separase en distintas imitaciones baratas.
Antes de que el último de los espíritus salvajes muriese nació esta canción.
Nos lleva de vuelta al amanecer primigéneo.
Y nos libera, transformando la nada en la totalidad.
Pax, creación humana, inmortal en tanto la mantengamos en el recuerdo.

Pulse, un latido capaz de revivir a un muerto.

O en dos palabras: Pink Floyd

http://www.youtube.com/watch?v=JWnapx502uQ

Adéntrate en la Arcadia, cruza las barreras de lo conocido

Ciudad Luciérnaga

Una risa nerviosa, una carcajada desesperada cruza por su mirada por un segundo, detrás del viandante se escucha el sonido de un coche pasar a toda velocidad autopista arriba.
Es una esperanza a lo desconocido que hay tras la negrura eterna.

El vehículo pasa como una centella, el aire que mueve parece golpearle. Ha pasado realmente cerca, como el pinchazo de una enfermera con parkinson. El show vuelve a comenzar cuando se prende un cigarrillo. Las lentes hacen un juego lumínico con la luz desprendida por las farolas. También refleja el rostro lívido, hundido sobre la pared de material óseo. Una calavera con ojos de cristal.

Una sonrisa sarcástica se invoca en él cuando sus pies recorren trastabillando el empedrado suelo del arcén, sus cansadas piernas le recuerdan su existencia al pasar entre los arbustos espinosos. Las heridas escuecen, bañadas por el rocío de la noche.

Entonces cerca del precipicio, cerca del absurdo final se aparecen las luces de la ciudad. Una miríada de sueños relampageantes, titilantes, formando un cuadro nuevo a cada segundo.
Sus labios parpadean al entonar una melodía secreta, solo la música dentro de su cabeza le devuelve qué fue de aquella visión hace ya algunos años.

Y aunque cuerpo y mente estaban ya maltrechos jamás habían albergado sus ojos tanta belleza.

sábado 5 de julio de 2008

A los hombres

A los hombres del mañana les deseo suerte.

Ellos heredarán una tierra desgastada por la codicia de unos pocos. Un arte enfermo, herido de muerte tras tantos años encarado a su venta.
La tecnocracia y el materialismo pseudointelectual hará que ignoren las hazañas de su propia raza, sus ideas, sus descubrimientos y penurias pasadas. Las piedras y los mármoles enmudecerán, pues las letras de antaño se harán inentendibles bajo una educación obsoleta.
Los autores de calidad no existirán para ellos, filtrados en películas de acceso fácil.
Por mucho que la tecnología avance y llenen de lujos y comodidades sus vidas serán los hombres más pobres, incapaces de regirse a sí mismos.
La ciudadanía desaparecerá, la que nace de la implicación política, pues los estados serán meras banderas con las que dar sombra al comercio. El hombre político será una raza en extinción, desacreditada su imagen por siglos de incompetencia y corrupción de falsos dirigentes.
El ocio y la exclusiva satisfacción de sus bajos placeres anulará el desarrollo mental y espiritual. Solo se valorará lo tangible e inmediato.
Todo lo que no ofrezca "beneficio" será tachado de inservible: la cultura, el arte, los idiomas. Todo descartado en un mundo de riesgos calculados.

A los hombres del mañana les deseo suerte, porque no cabe en ellos la esperanza.

jueves 5 de junio de 2008

Aullidos compartidos

No sabía si recogerte o dejarte de donde viniste. Te esperaba en compañía, pero murmurando a solas aquella disyuntiva. Puedo jactarme de ser lo suficientemente frío como para no tomar decisiones por pena en los momentos importantes de la vida.

Y cuando el coche aparcó y se abrió la puerta te ví, recogida entre los brazos de una joven, mirando a un muro de hormigón con miedo. ¿Cómo no ibas a tenerlo? A mí aún me da escalofríos verlo.

Fue la primera señal, la primera mirada que me dirijiste y ya lo cupo duda alguna: Eras tú.
Cuando me agaché frente a tí y extendí la mano para acariciarte me pusiste tu pata sobre ella.
Joder, ¿Qué esperabas que hiciese entonces? Por poco te como a besos.

Ese día te recogí, joven e indefensa, acostumbrada a un mundo limitado de césped, y cruzamos la turbulenta urbe entre los tranvías, el ruido de los motores y el bullicio del vulgo que lo recorre arriba y abajo, sin sentido aparente.

Distraída, temerosa, te cruzabas entre mis piernas mirando todo lo que pasaba a tu lado tan rápido. Pero no ladrabas, tenías miedo y no ladrabas. ¿Sabes? Ahí se me retorció algo por dentro, menudo valor.

Llegaste por fin a casa, fue una enorme travesía pero llegaste. Y no querías subir las escaleras del patio, mirabas tu sombra recortada bajo el sol de la tarde, recorriendo los ángulos de los peldaños fríos.

Te subí, te cargué sobre mis brazos, eras joven y grande. No hubiera creído a nadie cuando me dijeron que tenías solo tres meses, que habías sido una bola de pelo negra con los ojos cerrados.

Desde entonces aprendiste a seguirme los pasos, para darlos después por tu cuenta, te hiciste fuerte, más fuerte de lo que había imaginado. Calentaste mis pies ateridos bajo las sábanas, me viste leer con curiosidad, con esa mirada siempre atenta a cada movimiento.

Te portaste tan bien frente a aquella chica clavándote agujas como espadas, no importaba el precio, tú lo valías desde el principio, desde aquella bravura que mostraste ante los monstruos de metal sin quejarte un ápice.

Después de ello has aprendido a luchar conmigo, a morder con todas tus fuerzas, a revolcarte sobre el suelo, a gruñir, a ladrarme cuando quieres jugar a lo bestia. A mirar desde el balcón y apoyadas las patas en la baranda a la luna blanca y enorme, al espejo de plata que a los dos nos hechiza por igual.
Has comido de mis manos me has sostenido la mirada mientras apoyaba la cabeza al lado de la tuya. Has llorado cuando me has visto desaparecer por la puerta y has hecho que se me parta el alma cada vez, para luego soldarla echándote encima mía y dándome tus besos con alegría. Y sigues sin tener miedo, sin ladrar ante lo que desconoces.

Todo lo que me das es puro.

Loba, anoche aullámos juntos por primera vez, te abracé y me sentí más orgulloso de tí de lo que jamás me he sentido de nadie.

Y con todos mis defectos me quieres, y vienes a mí. Y con todo ignoras que tú me has hecho mucho más feliz de lo que yo te pueda hacer a tí jamás.

Me has convertido en un padre orgulloso.